miércoles, 29 de abril de 2020

DOS APÓLOGOS DE LEOPOLDO MARECHAL....

DOS APOLOGOS ESCRITOS POR LEOPOLDO MARECHAL DEL LIBRO "CUADERNO DE NAVEGACIÓN "
El ministro X bajo cuya inestable dirección trabajé algún tiempo en el curso de mi aguerrida existencia, oponiéndose una vez a mis opiniones, que consideraba él demasiado filosóficas, me dijo:
-Señor, “primero vivir y luego filosofar”
-¿Está seguro? – le pregunté, mirándolo a los ojos.
-Tan seguro – me respondió él – como que está escrito en lengua latina: Primun vivere, deiende philosophari.
Tras admirarlo en su candidez extrema, le pregunte:
-¿A Su Excelencia le gustan los apólogos chinos?
Ciertamente, dado su natural pedagógico, a Su Excelencia lo extasiaban los apólogos, chinos o no. Visto lo cual referí lo siguiente:
El maestro Chuang tenia un discípulo llamado Tseyu el cual, sin abandonar sus estudios filosóficos, trabajaba como tenedor de libros en una manufactura de porcelanas.
Una vez Tseyu le dijo a Chuang:
-Maestro, has de saber que mi patrón acaba de reprocharme, no sin acritud, las horas que pierdo, según él, en abstracciones filosóficas. Y me ha dicho una sentencia que ha turbado mi entendimiento.
-¿Qué sentencia? – le pregunto Chuang.
-Que primero es vivir y luego filosofar – contestó Tseyu con aire devoto – ¿Qué te parece, maestro?
Sin decir una sola palabra, el maestro Chuang le dio a Tseyu en la mejilla derecha un bofetón enérgico y a la vez desapasionado; tras de lo cual tomó una regadera y se fue a regar un duraznero suyo que a la sazón estaba lleno de flores primaverales.
El discípulo Tseyu, lejos de resentirse, entendió que aquella bofetada tenia un picante valor didáctico. Por lo cual, en los días que siguieron, se dedico a recabar otras opiniones acerca del aforismo que tanto lo preocupaba. Resolvió entonces prescindir de los comerciantes y manufactureros (gentes de pragmatismo tan visible como sospechoso), y acudió a los funcionarios de la Administración Pública, hombres vestidos de prudencia y calzados de sensatez. Y todos ellos, desde el Primer Secretario hasta los oficiales de tercera, convenían en sostener que primero era vivir y luego filosofar. Ya bastante seguro, Tseyu volvió a Chuang y le dijo:
-Maestro, durante un mes he consultado nuestro asunto con hombres de gran experiencia. Y todos están de acuerdo con el aforismo de mi patrón. ¿Qué me dices ahora?
Meditativo y justo, Chuang le dio una bofetada en la mejilla izquierda; y se fue a estudiar su duraznero, que ya tenia hojas verdes y frutas en agraz.
Entonces el abofeteado Tseyu entendió que la Administración Pública era un batracio muy engañoso. Advertido lo cual resolvió levantar la puntería de sus consultas y apelar a la ciencia de los magistrados judiciales, de los médicos psiquiatras, de los astrofísicos, de los generales en actividad y de los más ostentosos representantes de la Curia. Y afirmaron todos, bajo palabra de honor, que primero había que vivir y luego filosofar, si quedaba tiempo. Con muchísimo ánimo, Tseyu visito a Chuang y le habló así:
-Maestro, acabo de agotar la jerarquía de los intelectos humanos; y todos juran que la sentencia de mi patrón es tan exacta como útil. ¿Qué debo hacer?.
Dulce y meticuloso, Chuang hizo girar a su discípulo de tal modo que le presentase la región dorsal. Y luego, con geométrica actitud, le ubico un puntapié didascálico entre las dos nalgas. Hecho lo cual, y acercándose al duraznero, se puso a librar sus frutas de las hojas excesivas que no dejaban pasar los rayos del sol. Tseyu, que había caído de bruces pensó, con el rostro en la hierba, que aquel puntapié matemático no era otra cosa, en el fondo, que un llamado a la razón pura. Se incorporó entonces, dedicó a Chuang una reverencia y se alejó con el pensamiento fijo en la tarea que debía cumplir.
En realidad a Tseyu no le faltaba tiempo: su jefe lo había despedido tres días antes por negligencias reiteradas, y Tseyu conocía por fin el verdadero gusto de la libertad. Como un atleta del raciocinio ayunó tres días y tres noches; limpió cuidadosamente su tubo intestinal; y no bien rayó el alba, se dirigió a las afueras, con los pies calientes y el occipital fresco, tal como lo requiere la preceptiva de la meditación.
Tseyu estableció su cuartel general en la cabaña de un eremita ya difunto que se había distinguido por su conocimiento del Tao: frente a la cabaña, en una plazuela natural que bordeaban perales y ciruelos, Tseyu trazó un circulo de ocho varas de diámetro y se ubicó en el centro, bien sentado a la chinesca. Defendido ya de las posibles irrupciones terrestres, no dejó de temer, en este punto, las interferencias del orden psíquico, tan hostiles a una verdadera concentración. Por lo cual en la órbita de su pensamiento, dibujó también un círculo riguroso dentro del cual sólo cabía la sentencia: “Primero vivir, luego filosofar”.
Una semana permaneció Tseyu encerrado en su doble círculo. Al promediar el último día, se incorporó al fin: hizo diez flexiones de tronco para desentumecerse y diez flexiones de cerebro para desconcentrarse. Tranquilo bajo un mediodía que lo arponeaba de sol, Tseyu se dirigió a la casa de Chuang, y tras una reverencia le dijo:
-Maestro, he reflexionado.
-¿En qué has reflexionado?- le pregunto Chuang.
-En aquella sentencia de mi ex-patrón. Estaba yo en el centro del círculo y me pregunté: “¿Desde su comienzo hasta su fin no es la vida humana un accionar constante?” Y me respondí: “En efecto, la vida es un accionar constante”. Me pregunté de nuevo: “¿Todo accionar del hombre no debe responder a un Fin inteligente, necesario y bueno?” Y me respondí a mí mismo: “Tseyu, dices muy bien” Y volví a preguntarme “¿Cuándo se ha de meditar ese Fin, antes o después de la acción?” Y mi respuesta fue: “ANTES de la acción; porque una acción libre de toda ley inteligente que la preceda va sin gobierno y solo cuaja en estupidez o locura”. Maestro, en este punto de mi teorema me dije yo: “Entonces, primero filosofar y luego vivir.”
Tseyu no aventuró otro sonido. Antes bien, con los ojos en el suelo, aguardó la respuesta de Chuang, ignorando aun si tomaría la forma de un puntapié o de una bofetada. Pero Chuang, cuyo rostro de yeso nada traducía, se dirigió a su duraznero; arrancó el durazno más hermoso y lo depositó en la mano temblante de su discípulo.Tal es el apólogo que le referí al Ministro X.
-No lo conocía – me dijo – ¿En que selección china figura esa historia?
-En ninguna – le respondí -: acabo de inventarla.
El Ministro X me hizo llegar sus felicitaciones;
y ordenó, bajo cuerda, mi primer “descenso” en el escalafón administrativo.
OTRO APÓLOGO DE MARECHAL.
-Maestro, has de saber que mi patrón acaba de reprocharme, no sin acritud, las horas que pierdo, según él, en abstracciones filosóficas. Y me ha dicho una sentencia que ha turbado mi entendimiento.
-¿Qué sentencia?-le preguntó Chuang.
-Que “primero es vivir y luego filosofar”-contestó Tseyü con aire devoto-.
-¿Qué te parece, maestro?
Sin decir una sola palabra, el maestro Chuang le dio a Tseyü en la mejilla derecha un bofetón enérgico y a la vez desapasionado; tras lo cual tomó una regadera y se fue a regar un duraznero suyo que a la sazón estaba lleno de flores primaverales.
El discípulo Tseyü, lejos de resentirse, entendió que aquella bofetada tenía un picante valor didáctico. Por lo cual, en los días que siguieron, se dedicó a recabar otras opiniones acerca del aforismo que tanto le preocupaba. Resolvió entonces prescindir de los comerciantes y manufactureros (gentes de un pragmatismo tan visible como sospechoso), y acudió a los funcionarios de la Administración Pública, hombre vestidos de prudencia y calzados de sensatez. Y todos ellos, desde el Primer Secretario hasta los oficiales de tercera, convenían en sostener que primero era vivir y luego filosofar. Ya bastante seguro, Tseyü volvió a Chuang y le dijo:
-Maestro, durante un mes he consultado nuestro asunto con hombres de gran experiencia. Y todos están de acuerdo con el aforismo de mi patrón. ¿Qué me dices ahora?
Meditativo y justo, Chuang le dio una bofetada en la mejilla izquierda; y se fue a estudiar su duraznero, que ya tenía hojas verdes y frutas en agraz.
Entonces el abofeteado Tseyü entendió que la Administración Pública era un batracio muy engañoso. Advertido lo cual resolvió levantar la puntería de sus consultas y apelar a la ciencia de los magistrados judiciales, de los médicos psiquiatras, de los astrofísicos, de los generales en actividad y de los más ostentosos representantes de la Curia. Y afirmaron todos, bajo palabra de honor, que primero había que vivir, y luego filosofar, si quedaba tiempo. Con mucho ánimo, Tseyü visitó a Chuang y le habló así:
-Maestro, acabo de agotar la jerarquía de los intelectos humanos; y todos juran que la sentencia de mi patrón es tan exacta como útil. ¿Qué debo hacer?
Dulce y meticuloso, Chuang hizo girar a su discípulo de tal modo que le presentase la región dorsal. Y luego, con geométrica exactitud, le ubicó un puntapié didascálico entre las dos nalgas. Hecho lo cual, y acercándose al duraznero, se puso a librar sus frutas de las hojas excesivas que no dejaban pasar los rayos del sol. Tseyü, que había caído de bruces, pensó, con el rostro en la hierba, que aquel puntapié matemático no era otra cosa, en el fondo, que un llamado a la razón pura. Se incorporó entonces, dedicó a Chuang una reverencia y se alejó con el pensamiento fijo en la tarea que debía cumplir.
En realidad a Tseyü no le faltaba tiempo: su jefe lo había despedido tres días antes por negligencias reiteradas, y Tseyü conocía por fin el verdadero gusto de la libertad. Como un atleta del raciocinio, ayunó tres días y tres noches; limpió cuidadosamente su tubo intestinal; y no bien rayó el alba, se dirigió a las afueras, con los pies calientes y el occipital fresco, tal como lo requiere la preceptiva de la meditación.
Tseyü estableció su cuartel general en la cabaña de un eremita ya difunto que se había distinguido por su conocimiento del Tao: frente a la cabaña, en una plazuela natural que bordeaban perales y ciruelos, Tseyü trazó un círculo de ocho varas de diámetro y se ubicó en el centro, bien sentado a la chinesca. Defendido ya de las posibles irrupciones terrestres, no dejó de temer, en este punto, las interferencias del orden psíquico, tan hostiles a una verdadera concentración. Por lo cual, en la órbita de su pensamiento, dibujó también un círculo riguroso dentro del cual sólo cabía la sentencia: “Primero vivir, luego filosofar”.
Una semana permaneció Tseyü encerrado en su doble círculo. Al promediar el último día, se incorporó al fin: hizo diez flexiones de tronco para desentumecerse y diez flexiones de cerebro para desconcentrarse. Tranquilo, bajo un mediodía que lo arponeaba de sol, Tseyü se dirigió a la casa de Chuang, y tras una reverencia le dijo:
-Maestro, he reflexionado.
-¿En qué has reflexionado?-le preguntó Chuang.
-En aquella sentencia de mi ex patrón. Estaba yo en el centro del círculo y me pregunté: “¿Desde su comienzo hasta su fin no es la vida humana un accionar constante?” Y me respondí: “En efecto, la vida es un accionar constante”. Me pregunté de nuevo: “Todo accionar del hombre no debe responder a un Fin inteligente, necesario y bueno?” Y me respondí a mí mismo: “Tseyü, dices muy bien”. Y volví a preguntarme: “¿Cuándo se ha de meditar ese Fin, antes o después de la acción?” Y mi respuesta fue; “antes de la acción; porque una acción libre de toda ley inteligente que la preceda va sin gobierno y sólo cuaja en estupidez o locura”. Maestro, en este punto de mi teorema me dije yo: “Entonces, primero filosofar y luego vivir”.
Tseyü no aventuró ningún otro sonido. Antes bien, con los ojos en el suelo, aguardó la respuesta de Chuang, ignorando aún si tomaría la forma de un puntapié o de una bofetada. Pero Chuang, cuyo rostro de yeso nada traducía, se dirigió a su duraznero, arrancó el durazno más hermoso y lo depositó en la mano temblante de su discípulo.
LEOPOLDO MARECHAL.

 SEGUNDO APÓLOGO

Cierta mañana, desde su trono burocrático y no recuerdo a raíz de que distribución oficialesca, el Ministro sentenció a locas:
-El orden de los factores no altera el producto.
-No estoy de acuerdo -le dije yo, lanzándome a la liza.
-¿No está de acuerdo en qué? -tronó el Ministro.
-En que el orden de los factores no altera un producto.
Los Directores Generales no abandonaron su abstracción; pero en sus ojos abisales yo vi el relámpago de una delicia naciente.
-¿Altera o no el producto? -me interrogó el Ministro, adoptando el aire frugal de la aritmética.
-Según y conforme -le dije yo-, ¿Puedo contar un apólogo chino?
La estructura ministerial de mi contendiente retembló, como si yo acabase de amenazarlo con un arma secreta. Sus ojos buscaron auxilio en el frente alerta de los Directores Generales, pero sólo encontraron una muralla de silencio cómplice. También inútilmente Su Excelencia consultó los retratos de Sarmiento y Almafuerte que, sobre su escritorio, parecían mirarse “con bronca”. Observando lo cual el Ministro, sin esconder su fracaso, me concedió la palabra sólo a los efectos de un apólogo chino.
-Señor Ministro -comencé yo-, señores Directores Generales: el emperador Yao discutía cierta vez un asunto administrativo con el Tercer Subsecretario del Segundo Secretario de su Primer Ministro. A la discusión asistía, con voz pero sin voto, el maestro Chuang, quien abandonando su ermita ubicada en el monte Lou, había descendido a la corte para ilustrar al emperador sobre la influencia del Tao en el cultivo prudente de las azucenas. En cierto instante de la discusión, cuando el tercer Subsecretario se mostraba dispuesto a no ceder en sus argumentaciones que consideraba graníticas, el emperador Yao le dijo:
-¿Y qué me importan a mí tus argumentos de academia? El orden de los factores no altera el producto.
-¿Quién te lo dijo? -le preguntó el maestro Chuang, abandonando un silencio que lo vestía de pies a cabeza.
El emperador Yao le respondió:
-Me lo dijo la Aritmética, que sólo se equivoca en los libros de los usureros y prestamistas.
-Bien -admitió Chuang -. ¿Quieres que demostremos ahora ese principio aritmético?
-La verdad es la verdad, y siempre debe ser aplicada -sentenció el emperador, asintiendo con la propuesta del filósofo.
El maestro Chuang dio media vuelta y se dirigió a la salida.
-Maestro, ¿a dónde vas? -le preguntó Yao.
-A la cocina del palacio -le respondió el maestro.
-¿Y qué tienes que hacer tú en la cocina?
-Voy a buscar a uno de los “factores”.
Por numerosas escaleras bajó el maestro Chuang hasta la cocina del palacio: allá, entre marmitas y sartenes, el cocinero Li practicaba su oficio bonancible.
-Cocinero, vengo a buscarte -le dijo Chuang.
-Maestro, ¿para qué? -inquirió Li, temblando como una hoja por el honor que recibía.
-Para demostrar un postulado aritmético -le explicó Chuang-. Sube conmigo a la sala del emperador.
Sin abandonar el cucharón, insignia de su arte, el cocinero Li siguió al maestro Chuang hasta la gran sala de audiencias; y allí, con sus ojos nublados de humos y cebollas, vio por primera vez a su majestad sentado en un trono de marfil impecable.
-¿Qué hace aquí este hombre? -preguntó Yao, cejijunto, apuntando con su índice al cocinero tembloroso.
-Señor -le dijo Chuang-, es tu cocinero Li, dispuesto a colaborar en la demostración del postulado aritmético. ¿Lo demostramos o no?
El emperador Yao, que siempre fue un goloso de la ciencia, ordenó entonces que fuesen llamados el Primer  Cronista y el Primer Amanuense del reino, a fin de que asistieran a la demostración de Chuang y la registraran en los frondosos archivos de la corona. Y una vez que todos estuvieron presentes, el maestro Chuang, dirigiéndose al emperador, le dijo así:
-Majestad Altísima, mi propósito es demostrar si el orden de los factores altera o no el producto. ¿Lo altera o no?
-¡No lo altera! -sostuvo el emperador irreductible.
-Entonces -dijo Chuang-, apliquemos esa doctrina. Vuestra Majestad es un “factor”del reino. ¿Sí o no?
-¡Mandaría decapitar al que lo dudase! -tronó Yao.
-Pero -dijo Chuang- el cocinero Li también es un “factor”del reino. ¿Quién lo niega?
-Nadie -respondió Yao-: el cocinero es un “factor”, no hay duda.
Entonces el maestro Chuang dirigiéndose a toda la asamblea, dijo:
-Señores magistrados, el reino es un “producto” resultante de sus “factores”. Ahora bien, el emperador Yao y el cocinero Li son dos “factores”de tal producto. Si tal producto no altera con el orden de sus factores, yo propongo que el cocinero Li tome ahora el cetro y la corona de Yao, y suba inmediatamente al trono; y que el emperador Yao tome a su vez el cucharón de Li y baje inmediatamente a la cocina.
Un gran silencio, hijo del estupor y la duda, reinó en la sala de las audiencias. El emperador Yao, que había caído en la más honda de las abstracciones, volvió de su éxtasis y le dijo a Chuang:
-¡Maestro, gracias! me has enseñado que, por culpa de un lugar común, podrían demolerse las bases de mi reino.
Luego sacudió al Primer Amanuense que se había dormido al calor de la lógica y le dictó el siguiente decreto:
“Visto que el lugar de los lugares comunes puede alterar la noble jerarquía del Reino, el emperador Yao, en salvaguardia de la salud pública,
DECRETA:
1ro. Se prohibe terminantemente la emisión inconsulta de lugares comunes, en tierra, mar y aire, a pie o a caballo.
2do. Publíquese y archívese.”
Luego el emperador, en señal de acatamiento, se inclinó ante Chuang el filósofo, tal como debe hacerlo el Poder cuando se enfrenta con la sabiduría. En cuanto al cocinero Li (que, como es justo, no había entendido absolutamente nada), le regaló un cucharón de oro que llevaba grabado el siguiente aforismo del Tao Teb Ching: “Lo que permanece quieto es fácil de sostener”.

                    Leopoldo Marechal


miércoles, 22 de abril de 2020

La historia de una fortuna en alhajas.



Les voy a contar una historia de cómo fui el dueño de una fortuna en joyas:
De muchacho trabajaba en un almacén
del barrio de La Recoleta cuando no existían los supermercados como hoy, me dedicaba a tomar pedidos en la zona donde estaban las casas de los ricos que quedaba para el lado de la Av. Alcorta, como el almacén no tenía teléfono, cuando entregaba el pedido me hacían el otro o pasaba previamente en una bicicleta a retirar las listas, que luego preparaba en el almacén y llevaba en un triciclo de reparto para entregarlos y cobrarlos, la mayoría de los días volvía contento con algunas propinas que le daban al joven emigrante español y sobrino de los dueños del almacén, del trato que me daban mis tíos no voy a hablar. porque si alguna vez me maltrataron no era por ser malos, se habían embrutecido en la guerra civil allá en España, cuando fueron derrotados los fusilamientos estaban a la orden del día, pero pudieron huir hacia  Cuba primero y después a la Argentina, suerte que no tuvieron mis pobres padres; volviendo al relato entre mis clientes y dije “mis” porque realmente eran míos los había conseguido por mi honestidad que fue la única herencia que recibí de mis padres en el poco tiempo que los pude disfrutar, pero antes que me ponga nostálgico les contare como logre una gran fortuna en alhajas que provinieron de mi mejor clienta, que fue la que más me apreciaba, digo “me arreciaba” porque ya hace muchas décadas que murió, y si de mí dependiera que hubiera podido vivir feliz aunque sea unos pocos años más le devolvería gustoso todas sus alhajas que me legó y volvería alegremente a trabajar con
la bicicleta y el triciclo de reparto en el almacén de mis tíos en el barrio de La Recoleta, llevando pedidos a “mis” clientes.

Día por medio llegaba a su casa que era un Petid Hotel, primero me recibía su chofer que se llamaba Ramón me llevaba a la cocina donde por lo general estaba su esposa que hacía de mucama y cocinera controlaba el pedido, y siempre en el fondo de la canasta    llevaba algún libro que retiraba o devolvía por orden de la señora en la Biblioteca Nacional que quedaba en la calle Agüero, luego me llevaba frente a su patrona para que me pagara, por lo general estaba leyendo o escribiendo, era una mujer hermosa a pesar de su avanzada edad, y su bondad le brotaba por los poros como comúnmente se dice, antes de hacerme sentar afectuosamente me preguntaba si podía quedarme un poco para que confeccionáramos las listas y pagarme, como yo sabía que mi visita duraban por lo menos media hora, adelantaba las entregas para poderme quedar a charlar, luego me daba por lo general dos listas una para el almacén y otra para devolver algunos libros o para que le trajera otros de la biblioteca, jamás me dio propina, no porque fuera tacaña, sino porque creo, pensaría que si yo le hacia algún mandado lo hacía porque la estimaba y a su vez me demostraba su estima regalándome algún libro, que a medida que lo leía me hacía alguna observación para que lo entendiera mejor, siempre sospeche aunque yo jamás lo comenté, ni ella me lo preguntó que mi familia había pertenecido a la lucha de guerrilla contra la dictadura, pienso que intuía que había traído de la guerra civil toda las desdichas que deja cualquier guerra, su trato realmente me cambio la vida y empecé a pensar que además de tiranos había en la tierra distinto seres humanos con los que valía la pena compartir una amistad, los domingos que era mi día de descanso me invitaba a que la acompañara a hacer en el coche que manejaba Pedro, una recorrida de solidaridad, primero a la Basílica de Nuestra Señora del Pilar donde después de la misa, interactuaba por lo menos una hora con las monjas para organizar sus donaciones y se preocuparse por la salud de todos los huérfanos que besaba y conocía a todos por sus nombres, que recibían de sus manos siempre algún regalo luego, Pedro nos llevaba al Cementerio donde tenía en la misma bóveda a su único hijo, a su esposo y algunos familiares de los que me contaba como habían sido sus vidas, luego me llevaba a almorzar al Hotel Plaza Torcuato de Alvear, donde entraba con un joven humildemente vestido y del que jamás se avergonzó y que presentaba a sus amistades como un joven amigo, luego antes de regresar a su casa hacia pasar a Ramón por el almacén donde me despedía con un beso, que yo siempre creí se lo daba a su hijo que había muerto tan joven.

Antes de emprender un viajar por Europa me pregunto si quería mandar una misiva o algo a algún pariente, porque pasaría por Toledo, sabiendo que era oriundo de ahí por algún comentario que yo le había hecho, le revelé que Toledo era para mí una caja vacía y que no me quedaba familiares vivos en toda España, que ni siquiera sabía dónde descansaban los restos de mis padres.

Cuando volvió de Europa pase por su casa me recibió Pedro muy sorprendido de verme y le conté que iba a llevarle a la señora, unos libros que había encargado en una librería antes de su partida y que habíamos quedado que se los llevara a su regreso, esa fue la última vez que la vi “viva”

Cuando entré en la sala acompañado por Pedro con mi canasta con los libros vi la señora Gloria que así se llamaba la mujer de Pedro limpiando en un rincón y Pedro se quedó arreglando una ventana, noté a la señora muy preocupada y cuando Pedro llamó a su esposa para que lo ayudara a bajar un postigo, rápidamente me puso en la canasta una caja tapándola con cuarto libros y me susurró que no vieran que me llevaba la caja sus sirvientes, que si ella no me la pedía me la podía quedar como si fuera un regalo, por primera vez me despidió rápidamente y me dijo que volviera al otro día, salí ocultando la caja y la guarde en mi habitación, cuando volví al otro día, Pedro me comunico que la patrona se había ausentado nuevamente para Europa, pero que pasara que me iba a hacer un pedido y que entrara también la bicicleta, todo me pareció muy extraño y mi dudas se confirmaron  cuando apenas entre y vi el gran desorden que reinaba en la casa todo tirado por el suelo y ya con la puerta cerrada a mis espaldas me di cuenta que mi vida estaba en peligro, con un empujón me forzó a entrar en la sala y me asió fuertemente  de cuello vi la sala también dada vuelta de arriba abajo y en un costado ensangrentada mi mejor clienta, evidentemente muerta, la primera pregunta que me hizo, desaforadamente Gloria fue donde escondiste las joyas de “la vieja” al escuchar la forma despectiva que dijo “la vieja” supe que con esas palabras había sellado mis labios y que la caja que me había dado en custodia mi mejor amiga jamás estaría en las manos de esos dos enloquecidos así me mataran, esas joyas que para mí no valían nadan, había sido el motivo que los llevo a matarla, los animales solo matan para poder comer, cuando los acorralan, los quieren matar o privar de su libertad, solo algunos seres humanos matan por codicia y ante esas dos alimañas me tuve que enfrentar.

 “Otro día les contare como salí vivo de España y del Pedid Hotel, de mi mejor clienta”


¡AAA!   ¡Me olvidaba! de decirles, que además de dejarme como herencia la honestidad mis padres, me habían dado un cuchillo de acero TOLEDANO con su empuñadura de asta de siervo que mi padre fabricó para mí y me lo dio para que me pudiera defender cuando me llevaron a la guerrilla porque ya no les quedaba familiares vivos donde dejarme y con mis once años recién cumplidos fui muy diestro en el manejo de ese cuchillo y cuando a mis padres los fusilaron, gracias al  cuchillo pude salir vivo de España y me lo lleve como herencia junto con la honestidad y que siempre lo llevé encima, para desdicha de los esbirros del caudillo llamado “General franco” y de Gloria y Ramón que al lado de los secuaces del General Franco solo fueron para mí, como dos tiernas palomitas que yo casaba para poder comer algo en los bosque, y que probaron como Gloria y Ramón el filo del mejor acero TOLEDANO que mi padre forjó y que me dejó de herencia para que me pudiera defender cuando me quisieran quitar la vida o la libertad.
                                      Fin

                          Alfredo Rebizzo Hernando

             5 de mayo de 2014, Escobar provincia de Bs.As.




Nota publicada en el diario La Nación. 


En un Petid Hotel del barrio de La Recoleta la policía alertada por los vecinos que no veían ningún movimiento en la casa desde hacía varias semanas, al entrar encontraron la casa en total desorden evidentemente se habían llevado joyas y objetos de gran valor, encontrando en la sala principal tres cadáveres, la dueña de casa muerta a raíz de brutales torturas y sus dos sirvientes un matrimonio joven degollados, hasta el momento no hay ninguna pista de los que cometieron semejante acto de vandalismo.

sábado, 29 de octubre de 2016

El Padre Pedro



La vida del Padre Pedro
En una conversación entre jóvenes bandidos que deambulaban por un barrio muy pobre llamado EL ARENAL en las afueras de SEVILLA en ESPAÑA estaban comentando que al  padre Colon era al único de los maestros de la escuela parroquial al que nunca le pudieron robar; el que comandaba la banda era Pedro, a pesar de su poca edad era el más salvaje de todos, cuando no podía con sus puños recurría a su navaja que era temida por todos, tomó la palabra y prometió que en unos días robaría al padre Colon los maestros y a los curas de la escuela parroquial nunca hacían las denuncias quizás por alguna directiva del ¡Padre Colon! estas bandas robaban desparramados por toda la comarca lo hacían de a dos o en banda, Pedro lo hacía solo quizás por eso era tan respetado la mayoría dormían en una antigua cueva Pedro también dormía en lo de su hermana mayor pero la calle le gustaba y por meses se perdía en los barrios, todos estos pandilleros se renovaban constantemente los que caían en los institutos correccionales, por lo general se escapaban y si volvían a reincidir, terminaban en cárceles con mayor seguridad o finalizaban heridos o muertos por alguna bala, otros emigraban a otros barrios y no se escuchaba más de ellos. 
Pedro empezó a preocuparse por la promesa que había hecho y que no sería tan sencilla de cumplir, el cura Colon era un hombre muy corpulento y sabia que no era un cobarde y no quería herirlo usando su navaja además jamás se veía al cura andar solo siempre lo acompañaban sus feligreses cuando recorría los barrios, se devanaba los sesos pensando como poder deshacer su descabellada promesa, de hacer el sacrilegio de atacar a un hombre que solo hacia el bien, y que el íntimamente admiraba, pensó seriamente que hablar de mas, era contraproducente y que esa palabra que no sabía bien que quería decir que era la “VANIDOSO “la empezaba a entender, era la palabra con que lo llamó su hermana, de que era un “VANIDOSO” cuando hizo algo indebido, solo por conquistar a los de su pandilla, a su hermana acudió para confiarle su conflicto, y en la mañana se acercó a la panadería donde su hermana trabajaba, esperó pacientemente que saliera, cuando Claudia escucho el problema de su hermano lo primero que se le vino en mente fue que lo hablaría con al padre Colon para que el decidiera, y así quedaron; cuando Pedro volvía a la cueva y le preguntaban ¿cuándo iba a robar al cura? les decía que todo ya estaba en marcha, pasados unos días, se acercó por la parroquia a medida que se aproximaba varios vecinos le comunicaron que el padre Colon lo estaba esperando, sabía que el padre Colon no le tendería una trampa ya que su hermana era muy devota y amiga de todas las monjas y en especial del padre Colon, Claudia juntaba todo el pan duro de la semana y lo llevaba al asilo cargando una pesada canasta, ese día aprovecho para hablar con el padre Colon; Pedro de lo que había hablado su hermana no tenía ni idea, pero sabía que hablar con "EL" sería la única manera de poder salir del compromiso por haber hablado de más, entro por la huerta donde era más probable que se hallara y efectivamente lo vio a lo lejos carpiendo con varios jóvenes, cuando este lo reconoció se separó del grupo y se acercó después de saludarlo empezaron a caminar hacia un granero, cuando el cura le dijo que ya sabía de su promesa de robarle le explicó que el problema tenía solo dos caminos: uno seria que tratara de robarle y otro seria hacer un pacto de hombres, cuando le explico lo que era un pacto entre hombres, Pedro optó por lo último, entonces el padre se arranco la cruz de plata que tenia colgada en su cuello y se la entregó, diles a tus amigos que la me robaste, como Pedro no la quería tomar, el cura le dijo es solo una cruz de plata la guardaba para algún día quizás la pudiera vender para hacer algún bien, creo que llegó ese día, de todos modos tengo una de madera que me la regaló hace años un feligrés, por lo tanto para mí vale tanto una como otra, Pedro tomo la cruz y se fue para que el cura no viera sus lagrimas, y cuando estaba por cruzar la cerca, escucho que el padre le gritó, .....¡cuando nos volvamos a ver te diré algo que te podrá alegrar la vida!
Pasaron casi diez días y en la cueva solo se hablaba entre los pillos de la hazaña que había cometido Pedro, al robarle nada menos que al cura Colon su cruz de plata y que ahora tenía una de palo que daba lástima, fue el día en que ocurrió una tragedia, un carro atropello a un niño que quedo mal herido, estaba en el dispensario de la Capilla viendo como trasladarlo a Sevilla, para que no perdiera su piernita, allí apareció Pedro, busco al padre Colon y le puso disimuladamente la cruz de plata en sus manos y le dijo........ ¡Quizás! alcance para pagar el viaje a Sevilla al niño herido, el padre Colon tomo la cruz, y le dijo: Te prometí que te diría algo que te haría feliz, y era que hacer el bien te devolvería la alegría de vivir, pero lo descubriste tu mismo al devolver la cruz para hacer un bien, y dándole un abrazo salió apresurado, ya tenía con que pagar el viaje para llevar al niño herido hacia Sevilla.
 Hacer pasar el tiempo es fácil o es difícil, en el caso de Pedro el tiempo volaba porque desde que quedó bajo la tutela del padre Colon todo lo que quería hacer era estudiar para poder entrar en el noviciado y el tiempo se le iba de las manos, no le alcanzaba para poder adelantar sus estudios que había abandonado hacia años, además practicaba el Latín hablándolo diariamente con el Padre Colon, al cumplir los 16 años el padre Colon le comunico que se tendría que trasladar al noviciado de La Compañía de Jesús y estaría bajo la tutela de su amigo el Padre Jesuita Francisco Tarín.

Si hiciéramos un paréntesis y repasáramos los dos años que Pedro paso desde el día que devolvió la cruz y en el momento que puso sus pies en noviciado y se presento ante el amigo del Padre Colon, el Padre Francisco Tarín, veríamos un gran cambio: primero que desde luego había crecido pero lo principal lo que no se ve a simple vista era que Pedro era feliz, se había convertido de un joven despreciable sin ningún valor, en un ser solidario, quería superar al Padre Colon en lo que respecta a hacer el bien, al principio le fue muy difícil caminar por las calles porque los antiguos compañeros de ratería se habían puesto en su contra y prácticamente no podía dar un paso sin tener un conflicto, que le era difícil resolver sin acudir a los golpes y menos usar su navaja que ya no la usaba y los sabandijas lo sabían y muchas veces salía lastimado porque no contesta los golpes que recibía, pero pasado casi un año sorpresivamente dejaron de asediarlo, ¿Qué había pasado? ¡Solo el Padre Colon nos lo podría decir!,.......pero desde ese día pudo caminar sin problemas por los barrios más pobres DEL ARENAL y hasta volvió a poder hablar sin que lo agredieran sus antiguos compañeros de pillerías y en una parte de la cueva donde tantas veces había dormido empezó a dar clases de catequesis y pudo sacar de la calle a algunos de los mas rebeldes, y ya los alojaba el Padre Colon en la escuela de la iglesia, la forma asombrosa conque adquiría conocimientos con solo leer, causaba la admiración de sus profesores, entraba a las aulas de los grados superiores como un oyente y se superaba constantemente, dormía muy poco pero su salud parecía que no se afectaba, dos años que para Pedro le parecían que no habían pasado, pero lo que si sabía es que quería llegar a ser cura como el Padre Colon para cambiar radicalmente ese rincón que era lo único que conoció de España pero que no le gustaba como vivía la gente y en especial los niños que deambulaban por la ciudad, sin ningún rumbo, ¡O SÍ LO SABÍA! el rumbo que llevaban era hacia la ignorancia y al ser adultos ser gente infeliz, que aunque pareciera extraño muchas veces la muerte era un consuelo, para los más pobre, lo había notado primero al morir su padre y luego su madre en los dos velorios le pareció ver un dejo de alegría en la gente que veía la muerte como un alivio.
El mismo día en que llegó al Noviciado de la Compañía de Jesús y estuvo ante el Padre Tarín y este en la conversación hizo una evaluación de la inteligencia de Pedro vio que el Padre Colon, su intimo amigo no se había engañado, al ponderarlo tanto, a medida que iban dialogando notó que el  joven no hablaba por hablar y solo contestaba lo preciso pero siempre acertadamente y ¡pensó! .....qué gran sacerdote tendremos en poco tiempo, y tampoco el se equivocó, los años que paso en el seminario deslumbro a todos los que lo conocieron.
El día de la consagración se acercaba y quiso el Padre Tarín, que Pedro le prometiera que se quedaría junto a él porque próximamente tendría un cargo con muchas responsabilidad y quería que estuviera a su lado, al ver la expresión de desaliento que tomaba su rostro a medida que le pedía que se quedara a su lado, que sería donde la iglesia mas lo necesitaría, comprendió que si lo retenía lo haría solo por el compromiso de obediencia que tenia con la iglesia, pero que no era ese el destino que quería para su vida sacerdotal, dejo de presionarlo y lo despidió  pidiéndole que volviera cuando ya fuera sacerdote para decidir su destino dentro de Iglesia.
 Hacer pasar el tiempo es fácil o es difícil, esta vez para Pedro el tiempo no pasaba a pesar de que estaba ocupado día y noche en su preparación para los últimos exámenes; el día en que se vistió por primera vez con su sotana pidió audiencia para ver al Padre Tarín, pero le comunicaron que estaba momentáneamente en el Vaticano, pero le había dejado una carta; cuando la terminó de leer supo porqué aquel santo varón era amigo intimo del sacerdote más humilde de toda España (el padre Colon) en la carta le dejaba en claro que acudiera al padre Colon para decidir su destino y que dejaba a su libre albedrío el lugar que como nuevo sacerdote quisiera ejercer su postulado, la primera vez que anheló ser sacerdote pensó que su lugar seria junto al Padre Colon pero hoy y madurando ese pensamiento veía que no podría hacer más de lo que el Padre Colon hacia, lo hablaría con el Padre para que este lo guiara.
El viaje hasta el barrio EL ARENAL le pareció una eternidad con su habito recién estrenado y como único equipaje su cruz y su biblia se presento primero en la panadería donde trabajaba su hermana y luego fue en busca del padre Colon y vio que los años le iban cayendo encima, ya estaba un poco encorvado pero su gran corpulencia le daba la apariencia de un verdadero coloso, su expresión tan diáfana y tranquila no la había perdido, pero le comentó que estaba un poco desanimado, veía que la población cada vez se divide mas y hay tanta miseria y analfabetos que cualquier excusa desencadenará en una guerra civil quizás tú verdadero destino podría estar en América, en España vienen tiempos de destrucción y desgraciadamente no podrás contribuir en nada para torcer ese desdichado destino. 
Ya en la República Argentina en un país agrícola ganadero que se calculaba, producía alimentos para 300 millones de personas en el mundo, su parroquia estaba  en un suburbio de una gran ciudad que era Buenos Aires, noto inmediatamente que también allí había hambre, faltaban escuelas y hospitales y en ese orden encabezó su lista de prioridades y debajo puso puntos suspensivos a pesar que era un verdadero optimista los tres primeros emprendimientos lo agobiaron, encarar todos a un mismo tiempo le sería imposible, la pequeña capilla no podría albergar a una sola persona más que la de él, los recursos monetarios con que disponía eran nulos, cerró su cuaderno y salió de la parroquia para visitar a los que serian sus feligreses y pensaba dar misa el próximo domingo salio a hacer una recorrida eran las 8 de la mañana y volvió a su parroquia muy tarde los vecinos se quedaban absortos al ver a un párroco tan joven, alguien más entendido les dijo que era un padre Salesiano una congregación que creo Don Bosco; no tenía nada para comer pero en cambio traía una lista de sus futuras colaboradoras, a todas les explicó que fundaría un comedor gratuito, una escuela y un dispensario algunos se le rieron en la cara y muchos pensaron duraría solamente unos días, en el barrio el comentario era que les habían mandado un cura joven sin experiencia y para peor extranjero.
En su primera misa, los fieles solo eran un puñado de mujeres, y ni un solo varón, todas muy humildemente vestidas y con niños en los brazos, quizás concurrían pensando que lo del comedor infantil se pudiera hacer realidad, esperó un rato haciendo un poco de tiempo por si llegara algún nuevo feligrés y decidió dejar de lado la misa y les hablo de cómo iba a organizar el comedor, si podría contar con alguna de las mujeres para cocinar, solo había una cocina a leña pero faltaría platos, ollas, toda esa mujeres estaban decididas a colaborar en lo que pudieran para poder darles de comer decentemente a sus hijos, y trasladando una mesa y varias sillas que colocó frente al altar empezó a distribuir tareas, para que el mismo lunes se pudiera cocinar lo que se pudiera, algunas con sus hijos mayores recolectarían ramas para el fuego, otras se comprometieron a traer algunas ollas, otras algún cubierto, de las mesas y asientos se ocuparía él, la primera misa del padre Pedro se postergo hasta una mejor oportunidad, ya cerca del medio día, salió de la parroquia, y se dirigió a varias verdulerías donde los comprometió, a que donaran algunas papas y toda las verduras y frutas que tiraban el cura Pedro era emprendedor, vendió las alianzas de sus padres y unas cadenitas de oro que su hermana le había dado, el lunes a la mañana la parroquia parecía una kermesse, con un carro que le prestó el dueño de una carbonería recogió lo que le dieron en las verdulerías, y se dirigió a la fábrica de chacinados donde después de hablar con uno de los dueños logro carne a muy bajo costo, y quedo en hablar con la esposa para interesarla en hacer algo de beneficencia el dueño del establecimiento para sacárselo de encima asedió a que la visitara en su casa.
Después de inaugurado el comedor se dio cuenta que contaba con un puñado de mujeres, algunas eran analfabetas, pero tenían unas ansias de colaborar que podría con esas mujeres hacer realidad cualquier proyecto, por más audaz que pareciera, empezó a valorarlas y a quererlas, cuando logró hablar con la mujer de dueño de la fábrica de chacinados se encontró con una mujer que tenía dos hijos varones con sus carreras universitarias prácticamente terminadas, y empezaba una etapa donde las mujeres con un buen pasar, tienen que empezar en hacer algo más con sus vidas, cuando le explicó que había puesto en marcha un pequeño comedor infantil y que su segundo emprendimiento seria una escuela parroquial, la mujer se comprometió a convocar a sus amistades para poder colaborar; desde el día que habló con Raquel que así se llamaba, hasta que la escuela parroquial empezó a funcionar había pasado dos años y haciendo un repaso, pensó si con un puñado de buenos samaritanos habían podido construir el comedor comunitario, y la escuela parroquial; el dispensario totalmente instalado con un doctor permanente y unas enfermeras, lo podrán lograr en otros pocos años. ¡Que no se podría lograr en este país maravilloso!
Hoy 5 de febrero el padre Pedro cumple 82 años por sus achaques tubo que sosegar su abnegación por seguir creando comedores barriales, escuelas parroquiales y  dispensarios, dispersos por todo el país, todo logrado con el poco o mucho dinero que aportaron los feligreses, y lo más importante el tiempo que dedicaron para poder hacer realidad tantas obras, ahora tiene un cargo importante pero se siente fatigado los años de sacrificios les pasa factura, lo llaman desde el Vaticano, tiene pensado primero pasar por España para visitar la escuela parroquial de su maestro el Padre Colon, que murió como un mártir mientras lo torturaban, haber torturado al Padre Colon para que denunciara a alguno de sus feligreses fue un sacrilegio, pero que se podía esperar de los que bombardearon ciudades y habían asesinado a uno de los poetas más prestigioso de España, al recordar al padre Colon se acordó del su vaticinio de que España entraría en una guerra civil, y que le costaría décadas para salir de esa destrucción, (Y que se quería equivocar) desgraciadamente ...¡no se equivoco!
El Padre Pedro también había hecho un vaticinio de que vendrían días muy trágicos para la Argentina (y hubiera querido equivocarse) y en el año 1955 una revolución militar enluto a la argentina y le hizo recordar a España, con  Franco, con Hitler en Alemania y con Mussolini en Italia, gobernantes de turno fueron enfrentando a los ciudadanos unos contra otros "divide para poder gobernar" (una de las frases que más daño, produjo y produce en el mundo)
Esa noche al cerrar los ojos recuerda con cariño a (Ramona Gauna, Raquel Manrique, Rosa Leguizamón, y todas las que en aquella primera reunión fueron sus verdaderas y humildes colaboradoras, fueron las que juntaban leña, las que cocinaban, las que lavaban las ollas, fueron en realidad las que ponían un pedazo de pan en las manos de un niño, y sin horarios colaboraban día y noche, aportando su solidaridad, a todas las recordaba con cariño y sabia que sin ellas no hubiera podido hacer nada, jamás pidieron un reconocimiento porque no lo necesitaron salieron de la nada, y jamás las tuvo que mandar a hacer algo lo hacían, porque eran verdaderas SAMARITANAS, desde ese primer día que  dieron de comer a unas docenas de niños, hasta hoy pasaron muchos años, pero a pesar que los comedores se multiplicaron, notaba que la pobreza avanzaba a pasos agigantados, y veía con desazón que gobiernos populistas y gobiernos militares se iban sucediendo unos tras otros y el saldo fue  generaciones de ciudadanos, que los obligan a vivir en villas miserias ciudadanos que subsisten con algunos mendrugos que les dan los gobiernos de turno pero no tienen trabajos dignos, ni acceso a estudios, salud, agua corriente, ni cloacas, están rodeados de delincuentes y narcotraficantes, en las villa miseria solo hay gente que viven  tristemente toda su vida.
Vuelve a Europa desilusionado pero esperando un "milagro" que se tendrá que dar desde la misma Iglesia, los pocos años de vida que le queda ¡ya lo decidió!....  trabajará para que los políticos corruptos no puedan ocupar cargos, ni logren usar la demagogia mintiéndoles a los más pobres para que los voten.
 Se quedaría en el país para dar batalla, pero cree que en el VATICANO será más útil. 
                                                                               Alfredo Hernando
              12 de junio del 2014, Villa de Merlo, San Luis 

 ¡Se acabó! el corto relato de la vida de Pedro que llegó a ocupar un lugar importante en la IGLESIA CATOLICA. 
Pero podríamos hacer unas reflexiones, 

Primero: que la vida del Padre Pedro no hubiera tenido ningún sentido, si no hubiera por todos sus medios tratar de que aquellos que se cruzaron en su vida, pudieran ser más felices.

Segundo: El niño pudo salir de su triste destino, por el ¿Padre Colon?, por su ¿hermana? o porque estaba ¿predestinado? preguntas que evidentemente no podremos contestar, pero de lo que sí podemos estar seguros que el Padre Pedro, no hubiera podido realizar sus buenas obras sin la colaboración de SUS SAMARITANOS, como llamaba cariñosamente a todos sus colaboradores.

Los granitos de arena que se suman para que toda la humanidad sea más feliz, parecen poquísimos, en contraposición con las actuales guerras, el avance del narcotráfico, el desequilibrio que hay entre la riqueza y la pobreza extrema, las apetencias desmedidas y demenciales de adquirir riquezas, que crean hambre en el mundo, formando resentimientos y violencias generando en el mundo millones de seres infelices.

Pero toda beneficencia suma y como dijo la HERMANA TERESA todo está compuesto de pequeñas cosas y las buenas contribuyen para lograr un mundo mejor y ella sabía de lo que hablaba.

Cuando leemos, dialogamos o escuchamos relatos, cuentos o novelas somos de alguna forma participes de los hechos y vamos teniendo vivencias a veces agradables y a veces no, pero nos posibilita viajar con nuestra mente, conocer el mundo y las vidas de otras personas y poder distinguir a las malas que con su actitudes retrasan el camino hacia un mundo mejor y las que lucharon y luchan para que haya más gente feliz. 

¿Qué es ser un buen SAMARITANO? 
Son todas las personas que ayudan a las demás sin interés y con el único propósito de hacer el bien, se les conoce así, por la “PARÁBOLA” del buen samaritano, en donde Jesús destaca una de las mejores cualidades humanas.

UN PADRE SAMARITANO

En un pequeño comercio el  dueño termina de atender a un cliente que se ve a simple vista que es muy humilde, al retirarse el hijo menor del comerciante ¿le pregunta? ¡Papá le diste mucho de mas y le cobraste mucho de menos!, ¿por qué? hijo le contestó el padre, lo hice porqué ese hombre es pobre, ¡pero papá! nosotros también somos pobres, ya lo sé
hijo, pero él es mucho más pobre que nosotros y es nuestro deber
ayudarlo.

¿Qué es una parábola? Es una narración breve y simbólica de la que se extrae una enseñanza moral.
                "Jesús explicaba sus doctrinas con parábolas"


La parábola del buen samaritano.

Un maestro de la ley fue a hablar con Jesús, y para ponerle a prueba le preguntó:
–Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?
Jesús le contestó:
¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?
 El maestro de la ley respondió:
‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente y ama a tu prójimo como a ti mismo’
Jesús le dijo:
Bien contestado. Haz eso y tendrás la vida eterna.
Pero el maestro de la ley, queriendo justificar su        pregunta, dijo a Jesús:
¿Y quién es mi prójimo?
Jesús le respondió:
Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericóy  fue asaltado por unos bandidos, le quitaron hasta la ropa que llevaba puesta, le golpearon y se fueron dejándolo medio muerto. 

Casualmente pasó un sacerdote por aquel mismo camino, pero al ver al herido dio un rodeo y siguió adelante.

 Luego pasó por allí un levita, que al verlo dio también un rodeo y siguió adelante.

Finalmente, un hombre de Samaria que viajaba por el mismo camino, le vio y sintió compasión de él.

Se le acercó, le curó las heridas con aceite y vino, y se las vendó. Luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. 

Al día siguiente, el samaritano sacó dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: ‘Cuida a este hombre. Si gastas más, te lo pagaré a mi regreso’

 Pues bien, ¿cuál de aquellos tres te parece que fue el prójimo del hombre asaltado por los bandidos?

El maestro de la ley contestó:
El que tuvo compasión de él.
Jesús le dijo:
Ve, pues, y haz tú lo mismo.